El Valor de Mirar con Calma
El Valor de lo que Permanece
Hay fotógrafas cuya obra no busca imponerse, sino permanecer. La de María Remiro se mueve en ese terreno sutil donde las imágenes no reclaman atención inmediata, pero dejan huella. Su trabajo invita a bajar el ritmo, a observar con calma y a aceptar que muchas historias visuales se construyen desde lo silencioso y lo contenido.
La Entrevista
¿En qué momentos o lugares sueles encontrar la inspiración para fotografiar? ¿Viene más de lo que ves o de lo que sientes?
Mi inspiración nace del miedo a olvidar, de la necesidad de congelar instantes para poder revivirlos con claridad cada vez que vuelvo a una imagen. Por eso diría que viene un poco más de lo que siento que de lo que veo. Lo visible está ahí para todos, pero lo que me impulsa a hacer la foto es una sensación, algo difícil de explicar, como si ese momento tuviera algo que no quiero que se pierda.
¿Crees que con el tiempo has desarrollado una forma propia de mirar el mundo a través de la cámara? ¿Cómo la definirías?
Sí, con el tiempo siento que he desarrollado una mirada bastante definida. Mi proceso ha sido más de depurar que de añadir: ir eliminando lo que sobra para quedarme con lo esencial.
Me atraen los espacios tranquilos, las composiciones limpias y los detalles que muchas veces pasan desapercibidos. Hay una intención constante de simplificar, de reducir la imagen a lo necesario. Mi mirada tiende a ser algo minimalista, pero está muy guiada por la emoción. No siempre es igual, pero incluso cuando cambia, esa búsqueda de lo esencial sigue estando presente.
Los viajes suelen ser una gran fuente creativa. ¿Cómo influyen en tu fotografía y en tu forma de contar historias visuales?
Viajar cambia completamente mi forma de observar. En un lugar nuevo, todo se intensifica: la luz, los colores, las texturas, las personas. La mirada se vuelve más consciente y cada detalle requiere más atención.
Creo que los viajes no solo influyen en lo que fotografío, sino en cómo lo cuento. No me interesa solo capturar lugares, sino la atmósfera que los rodea, lo que se siente al estar ahí.
España aparece con fuerza en muchos trabajos fotográficos. ¿Qué tiene este país que resulta especialmente fotogénico o inspirador?
España tiene una luz especial. Hay una riqueza visual muy fuerte en lo cotidiano: en las texturas, en los contrastes, en cómo conviven la tradición y la vida diaria. Todo tiene identidad, incluso lo más simple. Creo que es un país con la capacidad de sorprenderte, que se va revelando poco a poco cuando aprendes a mirarlo de verdad.
Durante mucho tiempo, quizá por costumbre, no le prestaba la misma atención. Cuando creces rodeada de algo tan familiar, es fácil dejar de verlo con curiosidad. Pero viajar me ha cambiado esa forma de mirar. Al estar expuesta a otros lugares, otras luces y otras maneras de vivir, siempre vuelvo a España con una mirada distinta, más abierta y más atenta.
El encuadre es clave en una fotografía. ¿Qué es lo primero en lo que te fijas cuando decides cómo encuadrar una escena?
Lo primero en lo que me fijo es en la luz. Para mí es lo que define la escena en la mayoría de casos. Y después, en lo que sobra. Antes de pensar en qué incluir, intento entender qué está estorbando dentro del encuadre. Cuando elimino lo que no necesito, la imagen empieza a tener más sentido. A partir de ahí, intento quedarme con lo esencial, encontrar equilibrio y dar espacio a la composición. Me gusta que la imagen respire y que cada elemento tenga un motivo para estar ahí.
¿Sueles planificar el encuadre o prefieres dejarte llevar por la intuición y el momento?
Intento planificar para llegar al lugar correcto en el momento adecuado, porque la luz no espera. Pero dentro de ese marco, me dejo llevar totalmente. No me gusta llegar con un encuadre decidido de antemano porque siento que me limita e inconscientemente hace que me pierda todo lo demás, que muchas veces puede ser incluso más interesante. A veces parto de una idea o una intención, pero, como he dicho, lo más interesante suele aparecer cuando dejo espacio para que el momento me sorprenda.
Aunque soy bastante perfeccionista, en este caso intento no controlar demasiado y permitir que el lugar me guíe.
La Cámara Como Compañera
Trabajas con Leica Q3 43. ¿Qué te aporta esta cámara a nivel creativo que no encuentras en otros modelos?
Me aporta una forma de trabajar mucho más intuitiva y ligera. El 43mm me resulta ideal. Es una distancia focal que se acerca mucho a cómo veo; es lo suficientemente cercana para que los elementos tengan peso, y lo suficientemente abierta para que la escena respire.
Es una cámara que no interfiere, sino que acompaña. Me gusta especialmente cómo interpreta la luz y el color, de una forma muy natural pero con carácter, lo que me permite centrarme más en lo que quiero contar que en lo técnico. Su rapidez de respuesta también me ayuda en momentos en los que la escena es muy espontánea y no hay margen para pensar demasiado.
La cámara influye, mentiría si dijera lo contrario. Una cámara más pequeña y discreta cambia la forma en la que te mueves y cómo te relacionas con las personas y con los espacios. La Q3 43, en ese sentido, me hace acercarme de otra manera. Pero al final, la mirada va antes que cualquier cámara. Esta puede acompañar, pero no crea la visión. Para mí sigue siendo una extensión de la mirada, algo que facilita el proceso, pero que no la condiciona ni la define.
Consejos para la Comunidad Leica
Para quienes sueñan con fotografiar viajes y lugares con una mirada personal, ¿qué consejos les darías?
La fotografía de viaje más interesante no se basa en mostrar únicamente lugares, sino la experiencia concreta de estar en ese lugar en ese momento. Esa es una perspectiva que nadie más puede repetir. Creo que lo más importante es aprender a identificar qué te llama la atención a ti, aunque sea algo pequeño o aparentemente simple, y darle valor. Y después, ser constante. La mirada personal no aparece de un día para otro, se construye con el tiempo.
También diría que es importante aprender a observar sin prisa. A veces lo más interesante no está en lo evidente, sino en aquello que solo aparece cuando te paras a mirar.
María Remiro
Creció en un pueblo de la provincia de Alicante, con el Mediterráneo siempre como telón de fondo. Desde que tiene uso de razón, ha sostenido algún tipo de cámara entre las manos, inmortalizando recuerdos y aferrándose a momentos que no quería olvidar.
Su pasión por los idiomas y la curiosidad por entender y conectar con el entorno la llevaron a graduarse en Traducción e Interpretación. Siempre le ha fascinado cómo cada lengua encierra una forma distinta de ver el mundo, matices irrepetibles que no existen en ningún otro idioma. De algún modo, esa misma curiosidad ha guiado todo su recorrido: la necesidad de estar en contacto con el mundo y de actuar como canal de transmisión, ya sea a través de las palabras o de las imágenes.
Con el paso de los años, la fotografía se ha convertido en su idioma más natural: un lenguaje universal y directo, distinto al verbal, pero nacido del mismo impulso de comprender y comunicar.