Una Estrella entre Dos Mundos
Desde que practicaba ballet en su infancia, la fotógrafa Anita Pouchard Serra ha sentido una profunda conexión con esta disciplina artística. En esta serie, acompaña a la bailarina franco-argentina Ludmila Pagliero, estrella de la Ópera de París, ofreciendo una mirada detrás del escenario que pone el foco tanto en la artista como en la persona.
Entrevista con Anita Pouchard Serra
¿Qué tan importante es el movimiento en la fotografía para ti?
Anita Pouchard Serra: Creo que el movimiento tiene algo mágico cuando sucede dentro de una fotografía. Pero también me inspira a explorar cómo funciona ese movimiento, cómo puede existir una pequeña coreografía o algo que lleve al cuerpo a adoptar cierta posición, postura o emoción. Lo mismo ocurre con el movimiento de mi propio cuerpo. A veces es muy divertido observar cómo me muevo; casi parece que se desarrolla una danza alrededor de la persona y de la situación que estoy fotografiando. Me gusta verlo como un juego: hay movimiento a ambos lados de la cámara.
Más allá de la expresión física, ¿qué transmite la danza?
Para mí, la danza, en general, es una de las expresiones más naturales que existen. Es algo que está presente en muchas sociedades. Puede ser ritual, seductora o incluso llevar a un estado de trance; puede significar tantas cosas que siento que está profundamente conectada con lo que significa ser humano. Y, en particular, está la belleza del ballet: la forma en que transmite historias y emociones, a veces a través de los personajes y otras simplemente a través de los sentidos. Me parece algo extraordinario.
Ludmila Pagliero se retiró de la Ópera de París el año pasado. ¿Es esta serie un homenaje a su trayectoria?
En realidad, el capítulo de despedida muestra el último año de un proyecto en el que trabajé durante casi ocho años. Es solo un fragmento de un trabajo mucho más amplio. Sin embargo, el año pasado fue especialmente significativo, en parte porque tuvimos la oportunidad de coincidir muchas veces, tanto para su despedida oficial en París como durante la gira. Fue la primera vez que la acompañé de gira junto con la compañía y, al mismo tiempo, sabía que sería una de las últimas. Fue muy especial descubrir todas esas facetas de ella: como bailarina, como persona y como compañera.
¿Cómo surgió este proyecto hace ocho años?
Un día, mientras leía el periódico en Argentina, descubrí que había una bailarina estrella de la Ópera de París —una étoile— nacida en Argentina y formada en el Teatro Colón. Empecé a investigar sobre ella: vi videos, leí entrevistas y sentí una conexión muy cercana. Su trayectoria me parecía extraordinaria y, en algún momento, sentí el impulso de proponerle un proyecto que uniera ambos lados del océano que compartíamos. En ese entonces, yo apenas comenzaba mi carrera como fotógrafa. Le escribí para contarle esa idea y preguntarle si podíamos conversar al respecto.
En 2017 nos reunimos en el Café de l’Opéra, en París, y hablamos del proyecto. En 2018 tomé la primera fotografía, después de recibir la autorización de la Ópera de París.
¿Qué era lo que más te interesaba de trabajar con ella?
Desde el principio tuve muy claro que no me interesaba hacer fotografías de danza en sí. La fotografía de espectáculos puede ser una de las formas más bellas de este medio, pero a mí me atraía todo lo que ocurre alrededor. Los pequeños detalles, sus relaciones con quienes la rodean, no solo con los bailarines, sino también con el equipo técnico y artístico. Su vínculo con los espacios y verla desenvolverse en distintos lugares, tanto en América Latina como en Europa.
Me interesaba todo lo que sucede detrás del escenario: esos instantes discretos, los pequeños detalles que revelan tanto a la bailarina como a la persona, y cómo todo ello influye en la manera en que después baila y brilla sobre el escenario.
¿A qué prestas especial atención durante tu proceso fotográfico?
Diría que lo que más me interesa son las historias, y mi papel es contarlas a través de fotografías. Por eso, más que pensar en imágenes individuales, me enfoco en cómo todas se integrarán para construir una narrativa. Eso es lo que más me entusiasma: buscar esa conexión mientras estoy fotografiando y, después, cuando llega el momento de editar el material y dar forma a la historia.
Retomando el tema del movimiento, presto mucha atención a las posturas y los gestos de las personas para tratar de comprenderlas. Y, al momento de elegir o buscar una fotografía, siempre me inclino por aquellas que capturan esos gestos tan particulares.
Tomaste estas fotografías con la Leica Q2 y la Leica SL2.
Leica es extraordinaria cuando se trata del manejo de la luz. Sus lentes son increíbles, especialmente en situaciones como estas, donde por momentos la iluminación es muy limitada. Además, es una cámara muy agradable de usar y de sostener en las manos. Pero, sobre todo, valoro la enorme riqueza de detalle que ofrecen sus archivos. Se aprecia toda la amplitud y profundidad de la información que contienen, lo que permite trabajar con ellos con la máxima precisión. Creo que Leica también aportó a este proyecto una sensación de artesanía y excelencia que encajó perfectamente con su esencia.
¿Por qué tu serie se titula Una estrella entre dos mundos?
Como íbamos a presentar una exposición en la Maison de l’Argentine como parte de la celebración de despedida, estábamos buscando un título. Matís, el hijo de la pareja de Ludmila, propuso este nombre y decidimos conservarlo.
El título también refleja el origen mismo del proyecto, que conecta a Francia y Argentina. Habla de lo que Ludmila representa en la Ópera de París y en la danza francesa, pero también de la inspiración que transmite a muchos argentinos, especialmente a los bailarines de su país.
¿Qué es lo que más te fascina de la fotografía de retrato?
Creo que, con los años, se ha convertido en uno de mis ejercicios favoritos. Me genera tanto nervios como satisfacción. Es muy hermoso observar lo que sucede cuando tienes un poco de tiempo durante una sesión de retrato: cómo el cuerpo se va relajando poco a poco y cómo la conversación, junto con esos momentos de espera, da lugar a nuevas imágenes.
Me gusta cuando las personas se relajan y comienzan a conectar con una emoción que llevan dentro, y esa emoción logra transmitirse a la cámara. Para mí, la fotografía de retrato es un intercambio muy especial; representa un desafío, pero también tiene algo de mágico.
Equipo utilizado: Leica Q2, Leica SL2 y Vario-Elmarit-SL 24–90 f/2.8–4 ASPH.
El Equipo Fotográfico de Anita
Acerca de Anita Pouchard Serra
Anita Pouchard Serra es una fotógrafa franco-argentina que vive en Buenos Aires y desarrolla su trabajo entre América Latina y Francia. Su obra aborda con frecuencia temas personales vinculados a problemáticas sociales contemporáneas, como la identidad, la migración, el territorio y los derechos de las mujeres.
Sus trabajos y proyectos de largo plazo han recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Especial de las Naciones Unidas al Periodismo Sudamericano sobre Migración en 2021 y el Premio Gabo de la Fundación Gabo en 2024. También formó parte del fotolibro y la exposición 50 ans de photographie française (50 años de fotografía francesa), curados por Michel Poivert.
Sus fotografías han sido publicadas en The New York Times, The Washington Post, Le Monde, Die Zeit y El País. Además, imparte conferencias y talleres sobre narrativa visual.
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