Pronghorn in Wyoming

Las veloces cabras norteamericanas

27/08/2026
Hunter against the sunset

Para cualquiera que aspire a dar caza a algo genuinamente salvaje, sentir ese latido en el pecho cuando sabes que tienes una sola posibilidad de acertar, las praderas de los berrendos de Wyoming es tu destino preferente. La tierra, el viento, los obstáculos... : ahí está todo, aguardando a quienes osen conquistarlo.

Simon K. Barr

El sol acababa de despuntar por el horizonte, tiñendo el cielo infinito con franjas naranjas y rojas. Eran una de esas mañanas que auguraban algo más que buen tiempo: prometían aventura… Estaba aquí, cerca de Casper, en medio de una extensión de 32 000 hectáreas de terreno salvaje propiedad de Cole Creek Sheep Company. Una zona donde el ser humano ha cazado desde los tiempos en que los antílopes americanos eran tan salvajes como el viento que azota estas praderas. Esta no era una cacería común y corriente. Teníamos por delante la persecución del animal terrestre más rápido de Norteamérica. Las denominan «cabras veloces», y puedes tener por seguro que se han ganado ese nombre.

A group of female prong horns
Un terreno abrupto

Las llanuras de Wyoming no son tan planas como parecen. A primera vista, podría parecer un mar de artemisa y chumberas, pero el paisaje es engañoso. Las pequeñas depresiones y desniveles encubren la verdadera historia, y es una trama que un cazador astuto puede usar en su beneficio. Este no es un lugar para irrumpir como un elefante en una cacharrería. Para nada, este es un lugar para arrastrarse y reptar, para observar y acechar. Mi guía Kelly y yo recorrimos lentamente la finca en su todoterreno, con los ojos como platos. Avistamos varios grupos de berrendos, y los machos más adultos atrajeron mi atención. Tienen la cara más oscura que el resto del cuerpo y los cuernos un poco más gruesos, con un aspecto más agresivo. La época de celo estaba en pleno apogeo y los machos deambulaban buscando aparearse. Se respiraba tensión en el ambiente, de esa que te hace sentir vivo.

A hunter is stalking

Todos los pasos son cruciales

Salimos y avanzamos despacio por el matorral de artemisa, aprovechando los socavones del terreno para mantenernos ocultos. Yo había estado disparando en competiciones de tiro deportivo, con alcances de más de 820 metros, pero la caza no es lo mismo. Lo importante no es lucirse, sino lograr que cada disparo dé en el blanco. Quería acercarme a menos de 365 metros. Localicé un buen macho, más adulto, con una púa plana (conocido como ‘cortadora’) por encima de la oreja. Eso es lo que querías.

El viento seguía allí, sin parar de soplar. Los berrendos aún no se habían percatado de que estábamos allí, pero empezaban a sospechar. El macho alfa alzó la cabeza, oteando como si supiera que algo no iba bien. Nos quedamos paralizados y el tiempo pareció detenerse. Se podía oír respirar a la pradera, podíamos sentirla en las entrañas. Una sacudida, un movimiento en falso, y la presa saldría despavorida.

Hunter is looking with his Leica CRF Rangemaster

Datos balísticos de confianza

Me agaché, preparé el rifle y aguardé a que el viento amainara lo suficiente. Mi Leica CRF Pro Rangemaster hace cálculos rapidísimos, incorporando automáticamente la temperatura, el ángulo y la presión atmosférica, transformando datos complejos en precisión inmediata. Todo al instante, con solo pulsar un botón.

El momento en que todo se conjuga

Mi rifle estaba tan listo como yo. Establecí un ajuste de elevación de 5 MOA para el disparo de 354 metros y dejé ocho pulgadas a la izquierda para el viento. Sabía exactamente lo que tenía que hacer. Hay un momento en la caza en el que todo queda en silencio. No en el exterior, sino en nuestro interior. Solamente estás tú, el rifle y el animal. Respiré hondo, exhalé lentamente y pulsé el gatillo. El disparo entró limpiamente y el macho se desplomó como un saco de patatas. Sin huida, sin resistencia. Directamente al suelo. Al acercarme a ese macho, me invadió una sensación de emoción, una mezcla de orgullo y respeto. No se trataba solamente de llevarse un trofeo, sino de todos los esfuerzos previos del proceso. El acecho, la paciencia, la espera y, finalmente, el disparo. Todo tiene que alinearse, y hoy ese ha sido el caso. El macho obtuvo una puntuación de unos 75 puntos, lo cual no es precisamente un récord, pero tampoco importa. Lo realmente importante es la caza, el instante… el desafío..

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